Un subtítulo atrevido por parte de Clay Shirky en su último libro, Here comes everybody. Históricamente hombres y mujeres nos hemos organizado para crear empresas, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, etc. Todas las organizaciones viven en una contradicción: existen para aprovechar el trabajo organizado, en grupo, pero al mismo tiempo los recursos que hay que destinar al hecho de organizarse provoca perder muchas de las ventajas de organizarse.

Las nuevas tecnologías nos permiten nuevas formas de organización: nuevas arquitecturas de participación como ha afirmado Tim O’Reilly. Las organizaciones actuales ya no sirven, pues, para unos ciudadanos en red.

Pienso hace tiempo en si las organizaciones que hasta ahora han representado a los trabajadores (sindicatos), a los vecinos, a los intereses empresariales, a aquella gente que comparte unas ideas y quieren llegar al poder (partidos políticos) etc. siguen siendo útiles para la acción colectiva de la sociedad red. Más bien tiendo a pensar que no y que la acción colectiva que utiliza las nuevas tecnologías es diferente.

Probablemente nos encontraremos con una acción colectiva determinada en el tiempo, para temas concretos, en territorios determinados y con gentes diferentes. ¿Como deben responder las organizaciones ya existentes a esta multiplicidad de formas y fórmulas para la acción colectiva?. ¿Que sentido tendrán conceptos como ser miembro de una organización, socios, militantes, etc.?

Y última reflexión: la política. ¿Serán capaces los políticos de entender y relacionarse con esta sociedad red en la que pueden existir tales variadas fórmulas y formas de acción colectiva? Ya no será suficiente para los políticos hablar únicamente con sindicatos y empresarios.