Efectividad y experiencia vs. Visión y liderazgo

febrero 14, 2008

Tras el resultado del Supermartes que, como previsto, fue de “foto finish” – pese a la ligera ventaja de Hillary Clinton -, la designación del presidenciable demócrata se hace cada día más imprevisible.

De hecho, pese a que Hillary salió airosa en el SuperTuesday, Barack Obama no ha tardado en recortar distancias, tras sus cinco victorias consecutivas en las primarias y caucases del pasado fin de semana, en Luisiana, Nebraska, Washington, Islas Vírgenes y Maine. La sombra de Obama es tal, que Clinton ya se ha apresurado en sustituir a su fiel directora de campaña, Patti Solis Doyle, por otra colaboradora de confianza, Maggie Williams, con la esperanza de recuperar terreno.

Así pues, parece que el fenómeno Obama cobra consistencia a lo ancho y largo del país. La tesis que Dick Morris presentaba a modo de valoración de los resultados del SuperTuesday ha quedado obsoleta en cuestión de días, tras las victorias cosechadas por el senador de Illinois. Según Morris, el voto de Hillary Clinton podría tener un apoyo concentrado en las costas del país, mientras Obama quedaría mayormente respaldado en los estados tierra adentro. En todo caso, los resultados en Washington, Maine y Luisiana vienen a desmontar el poder explicativo de una tesis, si más no, discutible.

En contraposición, la visión presentada por George Packer en The New Yorker apenas una semana antes del SuperTuesday, arroja luz sobre cómo interpretar el duelo entre los candidatos demócratas. Según las apreciaciones de Packer, la elección se juega en buena medida sobre dos visiones opuestas de cómo debería ejercerse la presidencia. En este sentido, Obama defiende una visión fundamentada en la necesidad de liderar y movilizar el país hacia el cambio pero también hacia la superación de las divisiones internas que mantienen al país “en estado de crisis o enfrentamiento latente”. Clinton, por su parte, antepone la experiencia y capacidad de gestión – dos atributos con los que cuenta la candidata, a la luz de su trabajo como primera dama y como senadora-, perfilando la presidencia como el resultado de una gestión incrementalista, poniendo un particular acento en los resultados y la eficacia.

Packer ilustra magníficamente ambas concepciones con la siguiente metáfora: “Obama es un visionario (…) para él los males del país preceden a la administración Bush y la endémica lucha partidista y yacen en el fracaso de los políticos en unir al pueblo americano. Una mano fuerte ejerciendo fuerza sobre una rueda no será de gran ayuda si el coche está atascado en el barro; se requiere a buen líder que convenza a sus ocupantes para salir y empujar todos juntos. (…) En la misma situación, Clinton rememora a Churchill: ‘Dadnos las herramientas y acabaremos el trabajo”.

En todo caso, si hay algo claro, es que el talante de los candidatos es diametralmente opuesto y nos da pistas sobre cómo podrían desarrollar su mandato en la Casa Blanca. Obama resulta más cercano; su labia y capacidad de esperanzar al electorado y de crear un sentimiento de unidad, le han permitido fidelizar y aumentar su apoyo, además de ganarse la comparación con Martin Luther King. El “Yes, we can” suena ya como una reminiscencia del “I have a dream”. Entretanto, Clinton resulta metódica y pragmática, no únicamente en su proyecto, sino también en su discurso. Es tal vez esa imagen de “gestora”, más que de líder, la que le resta capacidad para entusiasmar y hace que sienta el aliento de Obama a sus espaldas, más amenazador que nunca.

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